jueves, 31 de agosto de 2017

TERE,NO HUMILLES,UN TONTO NO ES NADA MAS QUE UN TONTO,SALVO CUANDO TRABAJA EN EL DIARIODE CADIZ,QUE ES CARAJOTE


teresa rodríguez

Sobre el 'buenismo', el 'malismo' y los atentados

Me temo que los ingenuos son quienes piensan que el 'malismo' resolverá esta sociopatía
En el día de ayer Pedro Ingelmo, periodista de este medio, me dedicaba unas palabras por haber criticado en Twitter el día anterior que dos noticias aparecieran juntas en las páginas de este medio centenario. Una hablaba en el titular de que "Cádiz está en las quinielas" para sufrir un atentado terrorista y luego continúa diciendo que sí pero no, que puede ser aquí o en cualquier parte. En la misma doble página una segunda noticia que completa el mosaico titulaba sobre el "aumento de la población musulmana en la provincia". Eso en el titular para después decir que como son suníes, son moderados, y que están muy bien integrados, que deberían tener profesores de religión islámica como los católicos. En primero de Periodismo te enseñan que una noticia no es estrictamente lo que empieza con el titular y termina con el último párrafo. El periódico habla más en horizontal que en vertical porque es un todo en sí mismo. La crítica, estimado Pedro, no iba a ti. Supongo que un diario es un producto colectivo donde varias personas toman decisiones de forma jerarquizada sobre cómo se desarrolla cada información y qué va en cada lugar. Por eso era al medio al que señalaba en el tuit diciendo simplemente que "relacionar alarma terrorista con un supuesto aumento de la población musulmana" era islamofobia. Aquí matizo, más que ser islamofóbica en sí -no creo que usted lo sea ni su medio tampoco- esa práctica activa el ciclo: amenaza-indefensión-miedo-odio-fobia. Soy feminista desde que tengo conciencia política y sin embargo a veces me descubro teniendo actitudes y comportamientos machistas, reproductores de desigualdad. En este caso no creo que su intención o la de su medio fueran sembrar islamofobia, más bien puede que persiguieran relevancia informativa, atraer al lector con algo que está en la mente de todos. Pero que se relacionan ambas cosas y que el mensaje al pasar la página sea: 1. Estamos en las quinielas del terrorismo islámico y 2. Islamismo que aumenta en nuestra provincia. Es nítido.Resultado de imagen de PEDRO INGELMO FOTOS
Hecho el análisis de información en horizontal, entramos en lo vertical. La relación del titular con su propia noticia. En ella, estimado Ingelmo, parece que hay dos 'Ingelmos' escribiendo. Uno lleva en el titular la inminente amenaza terrorista a Cádiz y el otro matiza con cuidado esa amenaza, comentando que no somos especialmente un punto caliente para sufrir un atentado. Un 'Ingelmo' lleva al titular que hay "medio millar de más de alumnos musulmanes en colegios e institutos de la provincia" y el otro comenta que la cifra de aumento entre 2012 y 2017 es de 300 alumnos más. Es obvia la intención de inflar la cifra porque de 300 a 500 hay un buen trecho. Una práctica habitual que no está bien. Por otro lado los datos son relativos. Teniendo en cuenta los datos oficiales la población extranjera procedente de países musulmanes no ha aumentado sino que ha disminuido en los últimos 10 años. Desde el comienzo de la crisis la inmigración extranjera ha descendido ampliamente para aumentar al mismo ritmo que la emigración gaditana, andaluza y española en la que es la segunda oleada migratoria más importante de los últimos 30 años.
No obstante, mientras haya un solo terrorista en la provincia ya tenemos un problema. Lejos de las grandes operaciones financiadas, este terrorismo consiste en que una persona o grupo de personas toma una furgoneta de alquiler y un cuchillo y se lía a asesinar arbitrariamente a personas inocentes. Solo uno bastaría. En su respuesta a mi tuit, señor Ingelmo, hace referencia a algo que sí merece una reflexión profunda, algo que ha corrido en redes como la pólvora, la alusión al 'buenismo' de los españoles frente al terrorismo, a una especie de ingenua dejación de funciones que ha provocado irresponsablemente un problema que de practicar el 'malismo' no existiría. Pues bien, sin entrar en valoraciones éticas pese a la raíz de ambos neologismos, el 'malismo' ha sido la práctica habitual de occidente con el mundo árabe. Si nos incluimos en la OTAN, de la que formamos parte, y contamos a Estados Unidos entre nuestros aliados, el 'malismo' ha sido una costumbre. 'Malismo' al invadir países y financiar a grupos terroristas como la propia Hilary Clinton reconoció respecto al ISIS, todo con un tufillo imperialista clásico en la voluntad de controlar geoestratégicamente regiones ricas en petróleo y gas, el 'malismo' al financiarnos con el comercio de armas con dictaduras de Oriente Próximo, el 'malismo' practicando detenciones preventivas desde hace más de quince años de personas musulmanas o árabes. Hay quien piensa con un simplismo apabullante que cerrando la frontera y expulsando a todos los árabes estaremos a salvo. Pues bien, muchos de los terroristas de los últimos atentados son europeos, de segunda e incluso de tercera generación, nacidos aquí, educados aquí, señalados como diferentes, como 'moros' pero sin otra patria que la piel de toro. ¿Vamos a pasar la prueba de la pureza de sangre?, ¿vamos a recuperar este deporte tan nacional de la Inquisición? Dicen que con nuevas técnicas se puede ver en el ADN la mezcla étnica de uno, ¿te imaginas?, lo mismo más de uno acabamos también en un tren blindado hacia el Estrecho.
Me temo que los ingenuos son quienes piensan que el 'malismo' va a resolver esta sociopatía. No ha funcionado en los últimos 20 años porque no es efectivo, por lo que la solución no parece ser exclusivamente securitaria y quizá tenga más que ver con eliminar las razones por las que un chaval de 20 años quiera inmolarse aduciendo razones de ofensa permanente de su pueblo y su cultura.
Para terminar, Pedro Ingelmo, no te lo tomes a lo personal, me dices que con una llamada hubiera bastado, que te pongo "a los pies de los caballos de las redes sociales". Estimado Pedro, la prensa es un poder, como el Parlamento o el Gobierno, y si alguien en ese contexto de discurso público emite una opinión, parece lógico que otro alguien pueda criticar, opinar o dar la razón. Cuando lo hacen conmigo, intento aprender, cuestionarme, mejorar. Pero trato de no sentirme personalmente ofendida. Son 'gajes del oficio'. No te enfades, hombre.

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