sábado, 31 de marzo de 2018


El mito de al-Andalus

Rechazar los falsos paralelismos históricos es necesario para valorar el legado árabOtr

Sobre al-Andalus

Ocurre cada cierto tiempo. Por un motivo u otro, no es raro que al-Andalus se convierta en noticia que proporciona buenos titulares en prensa. A veces son portavoces de organizaciones islamistas como Al Qaeda o el ISIS quienes manifiestan que sus ataques terroristas en España recuperarán un al-Andalus perdido que consideran propio; a veces son publicistas o políticos conservadores quienes proclaman que, al igual que en la Edad Media, debemos reaccionar frente a esas pretensiones para defender nuestras raíces occidentales y europeas; y a veces algún tertuliano metido a arabista (o viceversa) se empeña en demostrar que el terrorismo islamista es producto de una cultura que siempre ha sido violenta y excluyente. En esta confusión tampoco faltan quienes, armados de buenas intenciones, reivindican la sociedad andalusí como un modelo de convivencia de las tres religiones monoteístas, en donde proliferaban arte, literatura y ciencia con una brillantez pocas veces vista en la historia. La guinda la ponen algunos personajes deseosos de hacerse con la vitola de alternativos y antisistema, a quienes les ha dado por resucitar las ideas de un falangista. Ignacio Olagüe publicó en los años setenta un infumable libro en el que afirmaba —sin más pruebas que sus propias disquisiciones— que los árabes nunca conquistaron la península Ibérica, y que al-Andalus fue el producto de una aculturación, que preservó las esencias hispanas bajo una superficial corteza árabe e islámica.
A pesar de ser tan antagónicas, estas interpretaciones tienen algo en común: todas buscan en el pasado andalusí reflejos y paralelos históricos de situaciones presentes. La barbarie islamista lleva tiempo reivindicando al-Andalus como parte de un programa que intenta recuperar principios y formas de gobierno supuestamente dominantes entre los siglos VII y X, y que se presentan como solución a los retos que afrontan los musulmanes actuales. A pesar del inconcebible dolor que esta barbarie provoca y, probablemente, seguirá provocando, su previsible fracaso en el largo plazo vendrá motivado, entre otras causas, por el rechazo de una gran mayoría de musulmanes —­algo de lo que hay pruebas más que suficientes— y por su erróneo empeño en negar la riqueza que alberga una religión como el islam, que está lejos de haber sido tan monolítica y exclusivista como pretenden tanto los ideólogos de la nueva barbarie como también, curiosamente, sus críticos más acerbos.
La renuncia a buscar falsos paralelismos históricos también debería incluir a los irresponsables políticos e intelectuales que llaman a reactivar el espíritu de aquella reconquista cristiana, que en época medieval buscó eliminar física y culturalmente cualquier traza del islam en las sociedades peninsulares. No está de más recordarles a estos nuevos pelayos y covadongas que los ciudadanos que profesan la religión musulmana en nuestro país ostentan los mismos derechos y deberes que el resto, y que bajo ningún concepto una democracia avanzada puede hacer suyos programas ideológicos diseñados en los enardecidos ambientes clericales de la Edad Media. La misma objeción cabe hacer a los argumentos buenistas que quieren hacer de la Córdoba califal del siglo X una arcadia de tolerancia: puestos a ello, habría que recordar el estatuto subsidiario que ostentaban judíos y cristianos, o la existencia de esclavos en esa sociedad, por no hablar de la situación de las mujeres, por lo general excluidas del ámbito público. Buscar en una sociedad medieval modelos políticos y sociales o identidades culturales para la modernidad es un sinsentido reaccionario, venga de donde venga.

¿Por qué al-Andalus?

Despojado de las adherencias del presente, al-Andalus es un periodo histórico que nuestras sociedades, crecientemente multiculturales, deberían recuperar con la misma pasión que consagran a la herencia de la Grecia o la Roma clásicas.Uno de nuestros grandes arabistas, Pedro Martínez Montávez, habla de su disciplina como de un Humanismo del siglo XXI, en el que, del mismo modo que el Renacimiento recuperó el legado de la Antigüedad, el estudio de la cultura árabe permite entender e integrar aportes distintos a los que tradicionalmente han configurado el canon occidental. Hacerlo así lo enriquece con una mirada que, si bien en otras épocas pudo resultar exótica, hoy día configura el bagaje intelectual de gentes que pueden ser nuestros vecinos, socios o amigos en un mundo cada vez más interconectado.
Y es ahí, precisamente, donde el conocimiento de al-Andalus cobra sentido. Su formidable legado es una ventana que durante demasiado tiempo hemos empapelado de tópicos, pero que raramente hemos utilizado para asomarnos a una historia y a una cultura cuyo enorme peso e influencia no pueden despacharse con el argumento de que corresponden a un esplendor perdido. Quizá ha llegado el momento de que, por ejemplo, junto al Poema de Mio Cid o el Lazarillo de Tormes, las clases de literatura en los colegios incorporen a autores andalusíes, como el cordobés Ibn Hazm, muerto en 1064, y cuyo tratado sobre el amor, titulado El collar de la paloma, ha sido objeto de una nueva y espléndida traducción por Jaime Sánchez Ratia. Lo mismo cabe decir de grandes poetas como Ibn Zaydún y de su amante y despechada enemiga Wallada, muerta en 1094 (por Dios, estoy hecha para la gloria / y avanzo, orgullosa, por mi camino), o de ese formidable legado de la cuentística oriental que, bajo el título de Las mil y una noches, podemos conocer de primera mano gracias a traducciones recientes, como la de Salvador Peña, que descartan adaptaciones alejadas del original.
Mezquitas con rasgos monumentales como la de Córdoba, pero también reconocibles en humildes construcciones aparecidas en excavaciones arqueológicas, deberían permitir a cualquiera distinguir lo que es el muro de la quibla, saber para qué sirve un mihrab o conocer cómo se ordenan los rezos cotidianos en esos templos. Tampoco es necesario que ningún iluminado venga a dar lecciones sobre el califato, pues se trata de una institución a la que, excepto en momentos muy concretos, las gentes de al-Andalus no concedieron demasiada importancia, limitándose a un reconocimiento formal que tampoco les obligaba a mucho.
Estos y otros ejemplos, que también podrían citarse, muestran cómo la historia de al-Andalus aporta un conocimiento necesario para forjar una visión crítica del pasado y de nosotros mismos, así como para desenmascarar a tantos farsantes que, envueltos en diversas banderas, intentan presentarse como los guardianes de la memoria de turno.

¿Qué fue al-Andalus?

Al-Andalus fue una sociedad árabe e islámica, cuyo origen se encuentra en la conquista del reino visigodo que ordenó el califato de Damasco en el año 711. Varias decenas de miles de soldados árabes y bereberes se establecieron por toda la Península y comenzaron a relacionarse con los indígenas, tal y como había ocurrido en otras latitudes. Se conservan cientos de monedas de oro, plata y cobre acuñadas en ese momento, así como precintos de plomo, también con inscripciones árabes, que autentificaban la correspondencia y envíos de los primeros gobernadores. Tumbas aparecidas en la plaza del Castillo en Pamplona o en el teatro romano de Nimes, en el sur de Francia, permiten no sólo comprobar la extensión de la conquista, sino también identificar a los conquistadores o a sus inmediatos descendientes, pues contienen individuos inhumados siguiendo el rito islámico, fechados en pleno siglo VIII, y cuyos análisis de ADN certifican su procedencia ­norteafricana.
A medida que los conquistadores se asentaron definitivamente, se pusieron en marcha procesos de arabización e islamización. De forma paulatina pero masiva, buena parte de la población indígena se convirtió al islam, como atestiguan, por ejemplo, las sucesivas ampliaciones de la Mezquita de Córdoba entre los siglos VIII y X, destinadas a acoger al creciente número de creyentes. Aunque a veces estos conversos tenían que aguantar las impertinencias de los árabes de pura cepa que se burlaban, por ejemplo, de que hablaban su lengua como si fueran gentes de Oviedo, la arabización avanzó a un ritmo imparable. En pleno siglo IX ya no había nadie en Mérida que fuera capaz de entender lo que decían las inscripciones latinas que todavía abundaban entre las ruinas de la antigua ciudad romana.
No todos los indígenas, sin embargo, se convirtieron. Hubo quienes continuaron siendo cristianos, aunque adoptaron una lengua árabe rápidamente transformada no sólo en el idioma administrativo, sino también en el de la cultura. En pleno siglo IX, Álvaro de Córdoba se quejaba de que sus jóvenes correligionarios cristianos, “enaltecidos por su dominio del árabe”, leían con más interés los libros en esa lengua que los escritos en latín. Cien años después, el poeta judío Dunash ben Labrat aconsejaba a un amigo mezclar su religión con la extraordinaria cultura en esa lengua: “Sea tu jardín los libros de los piadosos, tu paraíso los escritos de los árabes”.
Los muchos saberes que florecieron en este al-Andalus arabizado e islamizado fueron resultado de largas cadenas de conocimiento, nutridas de estrechos contactos con los principales centros intelectuales del islam. Un ambicioso proyecto de investigación desarrollado en la Escuela de Estudios Árabes de Granada ha identificado a más de 12.000 ulemas, esto es, sabios que destacaron en cualquier disciplina científica, religiosa o literaria a lo largo de los ocho siglos de existencia de al-Andalus. Todos ellos construyeron un gigantesco mosaico intelectual en el que maestros formaban a discípulos que a su vez se convertían en maestros de otros discípulos, transmitiendo obras de la tradición musulmana y de la cultura árabe, o componiendo otras originales. Muchos de estos ulemas emprendían largos viajes hacia lugares como Qayrawán, Alejandría, Damasco, Bagdad, La Meca o Medina “en búsqueda de conocimiento” que después diseminaban en ciudades andalusíes como Córdoba, Sevilla, Almería, Toledo, Zaragoza, Tudela o Huesca. Fue un sistema que no solo funcionó en la época del esplendor de los Omeyas de Córdoba. También existió tanto en época de los reinos de taifas —cuya decadencia política no debe ocultar que protagonizaron uno de los momentos sociales y culturales más brillantes de la Edad Media— como bajo el dominio de almorávides y almohades, que no fueron movimientos fanáticos, como pretende el tópico, sino serios intentos de reforma política y social, alumbrados por innovadoras interpretaciones religiosas.
Contrariamente a lo que indica otro manoseado lugar común, en al-Andalus nunca se concibió el mestizaje como ideología dominante. Ninguna de las tres religiones monoteístas allí practicadas alteró sus dogmas oficiales por la presencia del resto, y todavía menos en el caso del islam, debido a su dominio social y político. Los alfaquíes andalusíes condenaban que los musulmanes celebraran junto a los cristianos la fiesta de Navidad asistiendo a sus banquetes e intercambiando regalos, por considerarlo como una peligrosa innovación. Algunos llegaban a prohibir que se compraran sandalias hechas por cristianos, o que se realizaran las abluciones con agua tocada por ellos, pues podían transmitir impureza ritual. Naturalmente, estas prescripciones eran más o menos observadas dependiendo del lugar y del momento, pero sirven para mostrar que, por principio, la ortodoxia musulmana era reacia a admitir contaminaciones en su dogma.
Lo que sí se gestó en al-Andalus fue la confluencia de culturas con tradiciones muy diferentes. En parte, ello se debió al roce entre gentes que desoían las prohibiciones de los clérigos de una u otra fe. “Yo he besado a mi amado delante de un sacerdote y he bebido copas de vino santificado por él”, proclamaba con desafiante insolencia el poeta al-Ramadi (muerto en 1012). Los efectos de ese roce se extendieron a muchos ámbitos, como, por ejemplo, el de las lenguas: “Ke fareyo o ke serad de mibe, habibi, non te tolgas de mibe” (¿Qué puedo hacer o qué será de mí? Mi amado, no te quites de mi lado), dice el verso de una jarcha estudiada por Federico Corriente, quien ha reconstruido los préstamos romances en el dialecto árabe andalusí. En campos como el de las ciencias, la multiculturalidad andalusí permitió la recepción y traducción de obras científicas de procedencias muy diversas.
Si hoy empezamos a conocer bien estos procesos es gracias a la excepcional investigación realizada en nuestro país en las últimas décadas, que ha permitido que al-Andalus presente unos contornos históricos cada vez más precisos y definidos. No hay mejor antídoto para desterrar tópicos, simplezas, tergiversaciones o imágenes míticas interesadas. Y ya va siendo hora de que políticos, intelectuales, medios de comunicación y la sociedad se percaten de ello.
Eduardo Manzano Moreno, profesor de investigación del Instituto de Historia del CSIC, es autor de ‘Conquistadores, emires y califas. Los Omeyas y la formación de al-Andalus’ (Crítica). Prepara un libro sobre el califato de al-Hakam II.

El Intermedio_Modelo Alzira


Imagen recogida en uno de los tuits #SiJesucristoFueraAndaluz
Jesucristo en un mensaje de Twitter.
 | 
Fuente
Twitter.

Un año del #SiJesucristoHubieraSidoAndaluz

En Semana Santa Twitter se llena de mensajes cargados de ironía, tópicos e ingenio con 'hastag' como el que recordamos

R. 

En Semana Santa Twitter se llena de mensajes cargados de ironía, tópicos e ingenio. Y es que las redes sociales, como reflejo que son de la vida misma, abordan eventos tan peculiares como las que celebramos en estos días, con un significado especial, mitad religioso mitad festivo.
Todo ello en un país laico que afronta con enormes contradicciones a la hora de abordar la relación entre la Iglesia y el Estado. Por ello son numerosos los ‘hastag’ y etiquetas que se crean a favor o en contra de estas fechas en las que los Cristos y las Vírgenes recorren las calles de toda España.
Pero no todo es polémica en Semana Santa. En Twitter también hay espacio para el humor. Prueba de ello es el 'Si Jesucristo Hubiera Sido Andaluz', que se convirtió hace un año en ‘trending topic’.
Grandes dosis de humor, ironía y parodia a través de centenares de mensahes que inundaron Twitter la Semana Santa pasada y que recordamos ahora en ELPLURAL.COM.  

EXITOSO GOBIERNO DE LA SULTANA

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El narcotráfico gallego está en el punto de mira de la CIA, y con él toda España. La Agencia Central de Inteligencia estadounidense señala directamente a los clanes de traficantes de drogas de Galicia y Andalucía como algunas de las organizaciones de mayor trascendencia en Europa en el transporte y distribución de estupefacientes. La división de inteligencia de EEUU llega a equiparar incluso el trabajo de los narcos en los feudos tradicionales del PP y el PSOE con la incidencia que en tienen en Europa los cárteles mexicanos y colombianos.
La base de datos en la que la CIA describe los hechos más destacables de hasta 267 países, colonias y entidades mundiales se detiene en el caso de España para indicar que "los traficantes de Marruecos, de América Latina, Galicia y otros países europeos aprovechan la extensa costa de España para enviar grandes cargamentos de cocaína y hachís para su distribución al mercado europeo".
La referencia específica a Galicia en el archivo abierto de la agencia cobra aún más relevancia al ser una de las únicas ocho que la CIA hace a territorios concretos de nivel administrativo inferior al de Estado.
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Galicia y siete más
De entre los 134 países vinculados por los servicios de la agencia al mundo de la droga por ser productores, zonas de tránsito, de especial nivel de consumo o escenarios de la actividad de bandas organizadas, la lupa que se pone en Galicia solo se agranda en otras siete áreas del planeta, pero ninguna vinculada a Europa. Especifica los casos del valle de la Becá en el Líbano, al que achaca una alta producción de cannabis, hachís, opio y fenetileno (conocido como la droga de los yihadistas); también alude a la región fronteriza del triángulo de oro asiático que forman Birmania, Laos y Tailandia, cuya producción de heroína se deriva a China. Cita el informe también al área de la triple frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay como eje de lavado de dinero de la droga, circunstancia que señala también en la zona franca panameña de Libre de Colón y en la chilena de Iquique. Tasmania (Australia) es identificada como una de las principales proveedoras mundiales de productos opiáceos, y la última reseña zonal, además de la gallega, se centra en Shan, fuente del 91 % del cultivo de amapola de Birmania.
La descripción de la incidencia de la droga en España, más allá de los clanes gallegos, indica que el mercado español es uno de los principales consumidores mundiales de cocaína latinoamericana y de hachís Marroquí. A mayores, la CIA considera España como "destino y punto de transbordo menor" para la heroína del sudeste asiático y también como lugar habitual para el lavado de dinero por parte de organizaciones de narcotráfico y crimen organizado colombianas. Precisamente uno de los motivos que hacen la trama Gürtel tan peligrosa para el PP son los crecientes presuntos indicios de vinculación del partido en el gobierno con el blanqueo del narcotráfico sudamericano.
Los archivos que la CIA ha confeccionado sobre la incidencia mundial del narcotráfico y el alto consumo de drogas deja fuera de dicho mapa solo 43 países de todo el mundo. Entre ellos destacan todos los nórdicos, Corea del Sur e Irak, además de diversos Estados islámicos y africanos de bajo nivel de renta per cápita.
Portugal, alijos récord
Portugal sí merece un apunte especial de la agencia para reseñar los alijos récord de cocaína hechos por sus autoridades a los clanes latinoamericanos. Considera además el territorio luso como una de las puertas de entrada a Europa de la heroína del sudoeste asiático, así como un punto de transbordo del hachís que va del norte de África a Europa. La vinculación lusófona entre Portugal y Brasil con Cabo Verde y Guinea Bisáu es señalada también para subrayar la condición de los países africanos como área de transbordo de cocaína latinoamericana destinada a Europa occidental.
Los gigantes de la droga
Especialmente detallados son los apartados que la CIA dedica a los que considera gigantes de la droga. Afganistán abre el listado de la central de inteligencia norteamericana, al ser señalado como el mayor productor ilegal de opio del mundo y su derivación a la heroína (España es el primero del mundo de producción legal, íntegramente en manos del magnate Juan Abelló condenado en repetidas ocasiones por delitos fiscales). Birmania es considerado como el segundo productor de opio y la India como elaborador mundial de esta sustancia para comercio de productos farmacéuticos. Rusia e Irán aparecen como grandes consumidores de opiáceos. México reúne casi todas las clasificaciones de la agencia en materia de drogas, especialmente como proveedor también de opio, marihuana y metanfetamina.
En Europa el organismo de inteligencia cita Holanda como gran productor de drogas sintéticas y el Reino Unido como notable consumidor de heroína, mientras que Estados Unidos y Brasil lo son de éxtasis y cocaína, cuya producción se centra en Bolivia, Colombia y Perú. Marruecos se identifica como fuente de cannabis y Sudáfrica de marihuana.
La CIA alerta de la fuerte vinculación entre droga y corrupción política
Aunque todavía no se hace mención a España en este aspecto, poco podría faltar si los jueces profundizan en sus pesquisas sobre las diferentes tramas que asolan al actual partido en el gobierno con cerca de 1.000 implicados y casi una decena de testigos, jueces o fiscales muertos. En el informe se hace especial reseña a una veintena de países entre los que destacan Afganistán, Guinea Bisáu y Haití, masiva en Kenia y notable en Argentina, Bulgaria, Camboya, Congo, Costa de Marfil, Guatemala, Honduras, Liberia y Paraguay.
Vinculadas a estas prácticas corruptas de los políticos suelen estar vinculados los propios bancos del país por el blanqueo de capitales, entre los que tampoco se encuentra todavía España. La CIA tiene trazando también el rastro del lavado del dinero procedente del narcotráfico que tiene sus centros en una cuarentena de países. Argentina, Aruba, Brasil, Bolivia, Birmania, Camboya, Colombia, Grecia, Irlanda, Israel, Italia, Jamaica, Liechtenstein, Panamá, Arabia Saudí, Suiza, Reino Unido o Uruguay figuran entre otros en dicho listado de aclarado del dinero de la droga.
La CIA apunta también al lavado de fondos por el sector del juego, en especial en Estonia y Letonia, país al que además le atribuye una amplia actividad en falsificación, extorsión, tráfico de automóviles robados y prostitución, cuyos beneficios son objeto de blanqueo.
Sobre muchos países del este de Europa la CIA advierte de la actividad de bandas criminales, como las de Estonia y Letonia, Rusia y Albania, además de las históricas de Grecia e Italia. El tráfico de armas relacionado con pagos por cargamentos de droga figura sobre los mapas de Liberia, Nicaragua, Surinam, Albania y Brasil.

viernes, 30 de marzo de 2018

¿QUIEN PROTEGE AL NARCO ,SEÑORA DIAZ?

«Maestro, en una sola noche gano más dinero que usted»

La escuela es una salida para la juventud de La Línea Concepción, tentada a diario por el dinero fácil de los narcos




Toda una declaración de intenciones la de Miguel Ángel Valverde, un viejo maestro que hace 30 años llegó a La Línea, concretamente al
 colegio de La Atunara, por entonces un barrio pesquero en el que la gente sólo quería un pequeño puerto para salir a faenar y hoy es el epicentro de los narcos, que introducen toneladas de hachís a diario en sus playas. «El contrabando empezó en 1987 y al principio sólo era tabaco», explica el profesor, quien también recuerda cómo el dinero fácil de la droga se convirtió en la salida escogida por muchos jóvenes que dejaron de acudir a sus clases.En La Línea el narcotraficante se pasea con impunidad, come en los mejores restaurantes y conduce los mejores coches. En cambio, el honrado no puede atender a la prensa en un bar por miedo a las represalias, va en utilitario y tiene barrotes en las ventanas de su casa por si las moscas. Aun así, los que han invertido su vida en construir un futuro sin droga para La Línea no lo dudan, están convencidos de que pueden revertir la situación: «Por favor, que quede claro que no sólo hay gente mala. Aquí también hay gente buena que quiere mejorar esto».
«Había chavales que te decían que habían estado con "el llanito" -suministrador de tabaco en el argot- de su padre», rememora Valverde, quien lamenta la deriva de esa actividad, que en un primer momento justificaban las familias con una premisa muy repetida: «Lo hacemos por necesidad, para poder comer». «En el colegio lo veíamos venir, incluso escribimos una carta a los padres, pero nos decían que quién éramos nosotros para meternos en eso, que nos centrásemos en las clases», confiesa este profesor jubilado, comprometido entonces con alejar la droga de La Atunara: «Era arriesgado, tocamos las narices a mucha gente».

Menores en una pista polideportiva de La Línea
Menores en una pista polideportiva de La Línea-NONO RICO

Hoy el hachís es «la empresa «que da de comer al barrio y la mayoría de los vecinos prefiere ayudar a los narcos y no a la Policía. Rosa López es concejal de Educación en el Ayuntamiento de La Línea y diagnostica para ABC los dos grandes problemas que tienen con los jóvenes del municipio, quienes no ven en la escuela una opción de futuro. «Hay dos temas importantes: el absentismo escolar y los alumnos expulsados», resume López, consciente de que los niños absentistas observan en el narcotráfico la salida más fácil para conseguir dinero: «Es lo más rápido para ellos».
Sabe bien de lo que habla la concejal el propio Valverde, a quien algunos alumnos preguntaban lo siguiente: «Maestro, ¿cuánto dinero gana usted? Mire, yo he ganado más en una noche». Como puntualiza, «los chicos lo decían con cariño», pero la situación anunciaba lo que pasa hoy, cuando en horas de clase hay cuadrillas de chavales que purulan por las calles en lugar de atender a la lección en aula.
En un lugar en el que la tasa de paro -excluyendo a los que trabajan en el negocio de la droga es de más del 30%-, el fracaso escolar es una autovía hacia el narcotráfico. Valverde lo tiene claro, aunque suma la presión ambiental como un factor decisivo a la hora de abandonar los estudios para traficar. «Los chicos son inteligentes, pero están metidos en el estilo de vida del barrio, que consiste en estar mucho tiempo fuera de casa, con la gente y eso tampoco les facilita el estudio», esquematiza el profesor, quien sin embargo ve en el ejemplo de los padres una posible solución para que el mal no se convierta en endémico y, a fuerza de tiempo, la situación cambie en La Línea. «La Policía no es la solución aunque ahora es necesaria para mantener el orden», argumenta el docente, quien apuesta por la pedagogía para que los chavales no entren en el negocio. «El mejor ejemplo es el que se da en casa, y a los chicos hay que enseñarles con el ejemplo; pero si los chavales ven que el trabajo de sus padres es traficar con hachís, les va a costar mucho más quitarse», especifica.

Predicar con el ejemplo

Tan importantes como el trabajo de educación en casa y la escuela son las políticas públicas, que pueden suponer un freno para que los jóvenes no cambien el colegio por el narcotráfico. «Dándoles alternativas conseguimos que vean que pueden ser responsables y alcanzar sus metas», defiende López, quien destaca el trabajo de las asociaciones sin ánimo de lucro que colaboran con el Consistorio para lograr esta meta. «De otra forma sería imposible», comenta la concejal, que pone un ejemplo muy gráfico: «Sólo hay cuatro psicólogos municipales dedicados a este tema y también tienen que atender otras labores». Por ello hace un llamamiento a las instituciones autonómicas para que consideren a La Línea «de una forma especial» y le otorguen más medios económicos para poder llevar a cabo más políticas públicas.

Menores en los tejados del barrio de San Bernardo, en La Línea
Menores en los tejados del barrio de San Bernardo, en La Línea-NONO RICO

Gente alegre

Todavía hoy, décadas después de llegar a La Línea, el profesor coincide por la calle con alumnos que en su día dieron la espalda a la literatura para llamar a la puerta del hachís. Alguno, por el contrario, ha muerto en horas de trabajo. Antes que hablar de estos últimos casos, el maestro prefiere recordar a todos aquellos jóvenes que, pese a vivir en el mismo rellano que los narcos, se mantuvieron en el buen camino. «Resulta raro que familias muy precarias y que están tan cerca de la tentación no caigan», ensalza Valverde, en la misma línea que López, quien destaca a toda esa «gente alegre» que da la espalda del negocio más lucrativo e ilegal de La Línea y que, pese a ver al vecino con mejor coche, una casa de lujo y comiendo fuera de casa todos los días, madruga para que la ciudad cambie.

«Esto no es una narcociudad; es una ciudad con muchos narcos», defiende el viejo profesor de La Atunara. Y quizá haya esperanza para La Línea porque, en el centro, todavía hay chavales que entran en los bares y restaurantes, currículum en mano, para pedir trabajo como camareros.

¿QUIEN FINANCIA LAS CAMPAÑAS DE LA SULTANA?
¿DE DONDE SACAN LOS DEL PSOE EL DINERO PARA LAS CAMPAÑAS?
HASTA CUANDO CHIQUI!!!!!!