sábado, 30 de septiembre de 2017

¿Y si el jueves todo cambió en Andalucía?


Este jueves los periodistas que siguen el Parlamento Andaluz y en particular los que siguen al PSOE tuvieron ocasión de escribir y teorizar sobre las consecuencias del nuevo rifirrafe entre Ferraz y San Telmo. Un choque que tuvo lugar cuando Susana Díaz desoyó la indicación de Sánchez sobre la tramposa Proposición No de Ley de Ciudadanos, una PNL que pretendía maniatar al PSOE privándole de margen de maniobra tras la estela del PP en la cuestión catalana.
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-SUSANA DIAZ PACHECO DE LEGIONARIA
Este análisis no carece de interés, sin duda, ya que el PSOE está llamado a jugar un papel clave en la recomposición del modelo territorial español en los próximos años, y de sus correlaciones internas se derivarán posiciones políticas transcendentales.
Pero permítanme decirles que a mi modo de ver no es esta la cuestión central que revelaba el 89 (PSOE+PP+Cs) a 20 del luminoso del Palacio de las Cinco Llagas.
Y es que teniendo en cuenta la centralidad que tendrá en los próximos años la discusión sobre el modelo territorial, los límites al autogobierno y la conceptualización de la soberanía, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que el campo político en Andalucía se dicotomizó finalmente este jueves como no había sucedido hasta la fecha.
Efectivamente, mientras en el resto del Estado Podemos y PSOE admiten la lógica plurinacional de nuestro país y están abiertos a dialogar con quienes representan estas identidades, disputándose el espectro federalista progresista del campo electoral, la votación del jueves revelaba que en Andalucía Podemos es la única formación con presencia parlamentaria que ha sabido comprender no sólo la naturaleza del Estado que nace de los acuerdos de 1978, sino también las raíces profundas del rechazo del pueblo andaluz a cualquier fórmula de resolución de conflictos basada en el uso de la fuerza y la imposición.
Al alinearse el PSOE-A con Cs y PP ha dejado vía libre a Podemos para representar el inmenso caudal de afectos que genera entre los andaluces el ejercicio concreto de la libertad, la expresión coral de la voluntad, el espíritu comunitario y el principio de diálogo y acogida, el reconocimiento a en fin a cada cual se sienta como se sienta, español, andaluz, catalán, catalán y español, más andaluz que español, viceversa o cualquiera de las combinaciones de dos elementos tomadas de dos en dos que podemos encontrar en nuestra riqueza de identidades.
Ha dejado también a Podemos la exclusividad de la defensa de la necesaria recuperación de la soberanía sobre nuestros recursos, empezando por nuestro río -sí, nuestro, de andaluces y andaluzas- el Guadalquivir, que hoy día gestionan desde el Palacio de Fomento, sede del Ministerio de Agricultura en la Plaza del Emperador Carlos V de Madrid, sin haberlo visto más que en los mapas. O la defensa de la soberanía sobre nuestras infraestructuras, por ejemplo para poder, con los usuarios andaluces que cada día cogen un cercanías o un autobus metropolitano, empezar a decidir que ellos son diez veces más importantes que los ejecutivos que quieren llegar en AVE hasta su apartamento de la costa, y no al revés, como sucede con los presupuestos cuando se deciden en Madrid.
Y es que además entre las razones de esta decisión estoy seguro de que para la Sra. Díaz lo que ha primado no es sino los consejos de sus augures electorales, que le habrán sugerido, como partido mayoritario que es en Andalucía -por ahora-, aprovechar esta posición para acaudillar aquí las huestes conservadoras, fagocitando votos así al PP y a Cs y comprando tiempo al frente de la Junta de Andalucía.
No es demasiado ingenioso la verdad, básicamente la misma maniobra electorera de penetración en el campo electoral de Ciudadanos y PSOE que hace el PP, por su lado, desde el Gobierno de España, donde es a su vez mayoritario. Casí diría que se han puesto de acuerdo Rajoy y Susana Díaz.
Demuestra la Sra. Díaz al hacerlo que no conoce a los andaluces, que no conoce a un pueblo progresista, que soluciona los problemas con valentía, mirando al futuro, rehusando el inmovilismo. Y quizá compre hoy tiempo a costa de Ciudadanos y Partido Popular pero déjenme vaticinar que esta votación en el Parlamento Andaluz tendrá efectos duraderos sobre la lógica misma de elección de los andaluces en las próximas contiendas electorales.
Los andaluces y las andaluzas buscarán un partido que mire con audacia al futuro, un partido que se prepare para los cambios que vienen -y les aseguro que vendrán- sobre el encaje territorial de nuestro país, un partido que asegure que el Gobierno andaluz no sólo no juega el papel de elemento retardatario, tocándole las palmas a Rajoy en esta época por venir, sino que bien al contrario se sitúa en la vanguardia, en el único lugar posible si queremos tener la oportunidad de poner los problemas de Andalucía en el centro del debate.
A escasas semanas del aniversario de aquel 4D la Susana Díaz más lerrouxista y centralista palidece a la sombra de aquellos Escuredo o Clavero Arévalo. Serán los andaluces y andaluzas los encargados de recordárselo.

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