Los árabes dejaron en nuestro país una
profunda huella, no sólo en el ámbito lingüístico o artístico, sino
también en lo social. Cuando se produce la reconquista de los
territorios de Al Andalus por parte del mundo cristiano, ésta no borró
su cultura y sus formas, sino que existieron rasgos hasta incluso
después de la expulsión de los moriscos en el siglo XVI.
León Francois Comerre
Córdoba era en aquella época histórica una de las capitales mundiales
con mayor relieve social y cultural. La sociedad andalusí podía
compararse, e incluso superar, a la de Bagdad.
Si seguimos la
hisba, que era un Tratado de
Costumbres, la relajación de la época se daba tanto en musulmanes, como
en judíos y cristianos. En la Granada nazarí era práctica habitual la
prostitución, el abuso del vino, así como la sodomía. Esto se producía
en todos los niveles sociales.
El Islam no encuentra objeción al principio doctrinal o moral del placer sexual. El Islam no admite
“el pecado original”
tal como se da en el mundo cristiano. Los escritores medievales
comparan las costumbres musulmanas, a las que se daban en la época de
Roma. Es decir, existía el prejuicio medieval de considerar la ética
musulmana como un torrente de pasiones sexuales y hedonistas que hacen
recordar al mundo heleno y romano.
Para entender la grandeza de la época califal Córdoba nos sirvan
estos datos, llegó a tener ochenta colegios, más de cuatrocientas
mezquitas, cuatro mil comercios y unos seiscientos baños públicos. Las
mujeres andalusíes tras el velo lograron cotas de libertad muy
superiores a las de otras zonas musulmanas. Podemos encontrar mujeres
médicas, comadronas, profesores, poetisas…
El mundo andalusí no era diferente del resto de territorios árabes.
El modelo patriarcal y poligámico que se da en Al Andalus, es similar al
que se daban en otras zonas dominantes del islamismo. Lo mismo podemos
decir respecto al trato de la mujer y de la situación familiar.
Las costumbres y leyes en Al Ándalus permitían el harén como modelo
ideal de familia. El hombre podía tener hasta cuatro esposas, aunque el
poder económico de la familia era realmente el que determinaba cuantas
mujeres podía mantener el varón.
LA FAMILIA
Algunas familias nobles contaban con concubinas esclavas, muchas de
las cuales eran de origen cristiano convertidas al islamismo. El número
de ellas podía llegar a ser muy extenso, pero sólo las que daban un hijo
varón al sultán, alcanzaban el codiciado título de princesa madre que
les daba derecho a tener fortuna personal y a emanciparse al morir su
señor. Por ello, en la realidad del día a día, era el dinero y no la
tradición, la que en la mayoría de los casos describía a la familia
andalusí.
Francesco Pablo Michetti (1851-1920. Odalisque
Tanto si las estirpes eran monógamas o polígamas, una cosa compartían
en común todas ellas: la solidaridad desarrollada entre las mujeres de
la familia. Este hecho es considerado como uno de los sistemas de
solidaridad y ayuda mutua más estudiados a lo largo de la Historia de
las Mujeres, ya que debido a la presencia de tantas mujeres en el mismo
hogar, entre ellas se desarrollaba un apoyo y cooperación poco común en
otras sociedades.
Las tareas domésticas se repartían de forma equitativa y cuando
surgían problemas entre ellas, se buscaban acuerdos comunes en la
resolución del mismo. El cuidado de los hijos propios y de los de su
marido, así como las tareas del hogar, son trabajos y obligaciones
diarias.
Las labores de la mujer andalusí no eran distintas a las cristianas.
Su clase social y poder económico determinaban si debían ser ellas
mismas las que las realizasen o por el contrario, podían disponer de
servicio doméstico, formado principalmente por las esclavas, las que
cumpliesen con esos tediosos trabajos.
En estos hogares tan amplios podía convivir el varón junto con su
esposa o esposas, hijos y sirvientes. En el domicilio pasaban los
primeros años de su vida las mujeres, hasta que se casaban pasando a
formar parte de la familia de su marido. Los varones permanecían en casa
hasta que el padre los consideraba suficientemente mayores como para
educarles él mismo.

Los
hombres acudían a la mezquita a recibir las nociones necesarias para su
pleno desarrollo como ser humano, mientras que la instrucción de ellas
era recibida directamente por las madres, quienes las educaban según la
clase social. La mujer noble se preocupaba por la cultura y aunque
podían ser minoría, hubo mujeres que sabían leer y escribir con el fin
de consultar y recitar El Corán.
Las esclavas pudieron a su vez enseñar a otras niñas, recibiendo así
el status o reconocimiento de maestras. Nos puede llamar la atención,
pues tenemos una idea muy diferente de lo que supusieron las esclavas de
las elites, ya que fueron un grupo muy poderoso y con una gran cultura,
ya que en el mundo árabe la cultura es sinónimo de placer. Por tanto,
aquellas que debían entretener y hacer menos pesadas las veladas, habían
sido instruidas en las artes y las ciencias, la música y la poesía.
La mayor parte de las mujeres en la España árabe tenían una profunda
religiosidad. Aunque no era muy común verlas en las mezquitas, ya que la
religiosidad de la mujer árabe es más privada que la practicada por las
cristianas.
La mujer al pasar tanto tiempo dentro de los hogares, contaba con
amplios espacios, siendo común que las casas tuviesen dos pisos
distribuidos a partir de un patio porticado. En uno de sus lados, había
una escalera, por la que se subía al piso superior, reservado a las
mujeres. El patio era el centro de la vida familiar, donde las mujeres
podían estar largo tiempo, sin miedo a que alguien pudiese observarlas.
LOS BAÑOS PÚBLICOS
En Al-Ándalus, la mujer de las clases más altas tenía una obligación
principal y era cuidar su aspecto exterior, con el fin de gustar a su
esposo, el único autorizado para verla plenamente. Eran las mujeres más
privilegiadas, las que podían cuidar su aspecto. Todas las mujeres
acudían una vez por semana a los baños públicos siempre y cuando tuviera
realizada todas sus obligaciones. Los baños públicos era el lugar donde
se repartían tiempos y espacios distintos para hombres y mujeres.
Además de lavarse, aquellas que lo podían pagar, recibían cuidados
especiales como masajes con ungüentos cremosos y olorosos así como
atención al cabello. Las mujeres solían tener una cabellera larga,
espesa y muy negra. Incluso han llegado hasta nosotros testimonios que
aseguraban que en la España musulmana, las mujeres se depilaban con
fines estéticos.
En estos baños, podían olerse magníficos perfumes que manaban por sus
ventanas, siendo por todos conocidos los excepcionales perfumes y
esencias del mundo árabe. Gracias a los maestros perfumistas, las
mujeres poseían distintos frascos, que utilizaban en las diversas
ocasiones de la vida cotidiana y realmente disfrutaban con la fragancia
de dulces e intensos aromas.
La coquetería de la mujer andalusí continuaba con la ropa que se
vestía. Solía ser de colores vivos, los más lujosos estaban además
bordados con hilos de plata y oro, y las telas iban ceñidas a la cintura
y la cabeza cubierta.
Del mismo modo, eran muy comunes los adornos y complementos que, al
igual que hoy en día, buscaban resaltar la belleza de las mujeres. Las
joyas más comunes eran los collares y brazaletes de piedras preciosas.
Se sabe que usaban frecuentemente diademas o broches de oro, plata y
perlas.
LOS HARENES
Siguiendo la ley islámica, un musulmán podía tener hasta cuatro
esposas si su poder económico se lo permitía. Podía convivir con más
mujeres y poseer un harén.

Los harenes andalusíes estaban repletos de mujeres y alguno alcanzó
fama, como el harén de Medina Azahara, en la época del califato omeya
que llegó a contar con 6.300 mujeres contando a las esclavas. Otro harén
muy famoso fue el del rey sevillano Al-Mutamid de la taifa de Sevilla,
que llegó a tener unas ochocientas mujeres.
El prestigio de un soberano en Al Andalus también se media por el
número de mujeres que tenía su harén. Muchas veces en él estaban mujeres
que habían pertenecido a su antecesor.
El sexo en los harenes andalusíes no era el oficialmente pensado,
sino que se sabe que existían otras prácticas alternativas. Debemos
saber, que muchas mujeres que estaban en el harén nunca tendrían sexo
con su dueño.
Estas mujeres convivían con otras mujeres y con los eunucos y era
frecuente que tuvieran relaciones con ellos, no para copular, pues no
podían al estar castrados, pero sí hacían sexo oral por medio del
cunnilinguis.
Las mujeres de clase alta, denominadas
jassa,
llevaban una vida basada en la opulencia, pero vivían encerradas en los
alcázares y debían cumplir el código de honor islámico. Se le exigía
guardar la honorabilidad de la familia, estando totalmente apartadas de
las miradas ajenas. Sus relaciones e daban exclusivamente en el ámbito
familiar.
La privacidad de estos alcázares a veces era no se cumplía pues las
mujeres eran observadas desde los alminares, que eran lugares altos y en
el que era frecuente mantener conversaciones desde la distancia.
HOMOSEXUALIDAD MASCULINA Y FEMENINA
La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica, hace que surja una poesía homoerótica llamada
mudakarat.
Este tipo de poesía, se mezclaba con la poesía báquica y nos aparece la
figura del copero o escanciador. Veamos el siguiente poema.
¡Cuántas noches me han servido las copas
las manos de un corzo que me compromete!
Me hacía beber de sus ojos y de su mano
y era embriaguez sobre embriaguez pasión sobre pasión.
Yo tomaba los besos de sus mejillas y mojaba mis labios
en su boca, ambas más dulces que la miel
Escrito por Abi-l-Husayn
La práctica de la homosexualidad era cuestión de los califas omeyas
cordobeses. Se sabe que Abderramán III, Al-Hakem II, el emir Abd Allah
de Granada y el rey Al Mutamid de Sevilla escribieron poesía
homoerótica. Se conoce por ejemplo, que el califa omeya Al Hakem II
hacía que la esclava navarra Subh se disfrazara de efebo para tener
relaciones con ella.
Se sabe que el lesbianismo no era aceptado por Mahoma, pero no era
igual su práctica si la mujer era casada o soltera. El lesbianismo para
una mujer soltera que lo practicaba suponía ser castigada con un azote y
el destierro durante un año. Sin embargo, para una mujer casada estas
prácticas lésbicas suponía recibir cien azotes y posteriormente se le
practicaba la lapidación hasta la muerte.

Hay constancia de que algunos autores de estas poesías homoeróticas
eran abiertamente homosexuales como son Ibn Quzman o Ibn Shuhayr ambos
pertenecientes a la elite andalusí.
Como estamos viendo la homosexualidad femenina a los largo de la
historia del sexo queda muy poco reflejada. Tenemos dos historias
lésbicas en Al Andalus, la primera es la princesa Wallada que aparece en
los poemas del escritor andalusí Ibn Zaydun, donde llora su ausencia en
Medina Zahara.
La princesa omeya Wallada (1025) con tan solamente dieciséis años
abrió su palacio para ofrecer instrucciones a hijas de familias
poderosas e instruir a esclavas en la poesía y en el arte amatorio.
Tuvo una relación amorosa con el poeta Ibn Zaydun, que nos dejar
bellos poemas de amor y otros satíricos, cuando fue traicionada por él.
A pesar de sus méritos, Ibn Zaydun ama
las vergas que se guardan en los calzones
se hubiera visto en las palmeras
se habría convertido en pájaro ababil.
Sin embargo, también hubo poetisas como la cordobesa Muhya que criticó a Wallada.
Ha dado a luz y no tiene marido
se ha desvelado el secreto, ha imitado a María
más la palmera que la virgen
sacudiera para Wallada es un pene erecto.
Esta princesa jamás se casó y se dice que fue una de las primeras
feministas en la historia. Cuando su padre muere, recibe una gran
herencia que le permite vivir con todos los lujos y en consecuencia de
forma independiente, sin las ataduras del matrimonio. Mantuvo una
intensa relación lésbica con la hija de un vendedor de higos cordobés,
llamada Muhya bint al –Tayyani a la cual cuidó y educó con gran esmero y
que llegó a ser una gran poetisa.
La segunda historia lésbica cuenta que una de las hermanas Ziyab de
Guadix, no se sabe cuál de las dos fue, vio un día bañarse a una esclava
en un río y le escribió lo siguiente:
Las lágrimas revelan mis secretos en un río
Donde hay tantas señales de belleza;
Es un río que rodea jardines
y jardines que bordean el río;
Entre las gacelas hay una humana
que posee mi alma y tiene mi corazón.
Esa es la razón que me impide dormir:
cuando suelta sus bucles sobre el rostro
parece la luna en las tinieblas de la noche;
Es como si a la aurora se le hubiese muerto un hermano
y la tristeza se hubiese vestido de luto.
Fue escrito por Banat Ziyad de Guadix.
En el mundo andalusí era frecuente encontrarse con las llamadas “
celestinas”.
El famoso poeta andalusí Ibn Hazn dice que las mujeres ancianas con
báculo, rosario y vestido encarnado que visitaban las casas o se
acercaban a las mujeres en la calle, hacían de correo entre los amantes.
La visión islámica de la sexualidad es total. La sexualidad se
integra de modo absoluto en el día a día. Dentro de su extendida
uniformidad, existen variantes dependiendo que se viva en ciudad o en el
medio rural y por supuesto de la disponibilidad de riqueza.
LA PROSTITUCIÓN
Los lugares más frecuentes donde se producía la prostitución eran las
tabernas y en las ventas. En los pueblos se ejercía en la alhóndiga. En
las ciudades importantes había locales destinados a tal fin y recibían
en nombre de jaray.
Las casas jaray estaban fuera de la medina y si seguimos a Ibd Abdin
se situaban cerca de los templos cristianos. Decía al respecto dicho
escritor
“Debe impedirse a las mujeres musulmanas que entren en las
abominables iglesias, porque los clérigos son unos libertinos,
fornicadores y sodomitas. Asimismo debe prohibirse a las mujeres
francas, que entren en la iglesia, solamente en días de función o
fiestas, porque allí comen, beben y fornican con los clérigos y no hay
uno de ellos que no tenga dos o más mujeres con que acostarse”.
Las prostitutas andalusíes estaban totalmente controladas y debían
pagar impuestos a la Hacienda por ejercer dicho profesión. Socialmente
eran mujeres marginadas y rechazadas en todas las actividades públicas.
Como en todo, siempre hay un excepción, así se conoce la historia de la
prostituta Rasis, la más famosa de Córdoba que participó en un desfile
oficial de Abd al- Rahman III.
Las prostitutas debían cumplir con una serie de obligaciones como podemos ver en el texto de Ibd Abdin que dice: “
Deberá
prohibirse que las mujeres de las casas llanas se descubran las cabezas
fuera de la alhóndiga, así como que las mujeres honradas usen los
mismos adornos que ellas. Prohíbaselas que usen la coquetería cuando
estén entre ellas y que hagan fiestas, aunque se les haya autorizado. A
las bailarinas se les prohibirá que se destapen el rostro”.
Una figura muy conocida era el de la tabernera, cantora o bailarina
que no eran reconocidas como prostitutas, pero que también solían
ofrecer servicios sexuales
LAS QIYAN

Eran esclavas que tenían una educación muy esmerada en las artes,
destacando en música, poesía, lectura y la danza entre otras. La qiyan
eran pues esclavas muy apreciadas en la sociedad andalusí. Al mismo
tiempo, también habían sido educadas en las prácticas del amor. Se puede
considerar, que eran cortesanas de lujo, pudiéndose comparar con las
hetairas griegas.
Las qiyan estaban en muchos casos al servicio de la Corte y se les
destinaba también para educar a los hijos de las elites andalusíes.
Dentro de la qiyan destacaban las esclavas que pertenecían a las grandes
familias, y las destinaban dada su belleza a una prostitución con menos
refinamiento.
Estas qiyan tenían muchas veces casa propia y sus clientes exclusivos
se trasladaban a su casa para oírlas recitar poesías y cantar, para
posteriormente tener relaciones sexuales.
Como vemos, estas destacaban por su juventud, su belleza y su
preparación cultural Además de todo esto se vestían de forma muy
elegante con vestidos muy llamativos a siempre adornadas de joyas. Sus
vestidos eran diferentes a las mujeres libres, ya que las qiyan usaban
telas muy exquisitas.
Algunas qiyan eran compradas y sus dueños, les podían dar dos
utilidades, aquellas que eran compradas para su disfrute personal y la
segunda opción era comprarlas con la finalidad de volverlas a vender
para obtener un gran beneficio económico.

Si hacemos un repaso a la historia de las qiyan podemos ver tres periodos claros:
- En la época preislámica, se les enseñaban exclusivamente música, canto y baile.
- En la época califal debemos unir que también se les educaba en el estudio de las Ciencias, junto a las anteriores.
- En la época abasí, se le educaba totalmente con filosofía, el cante
y recitación del Corán, astrología, juegos malabares, narradoras de
cuentos y leyendas, teatro de sombras…
EL COLLAR DE LA PALOMA
Es un libro escrito por Ibn Hazm en el año1022 y fue editado en
Játiva. Era un Tratado amoroso medieval. Tanto el mundo cristiano como
el judío lo rechazan. Sin embargo, Ortega y Gasset lo considera el libro
más ilustre sobre el teme del amor en la civilización humana. Veamos
tres pasajes de dicho libro:

1º
“Tenía el amor señales que persigue el hombre avisado y que
puede llegar a describir un observador inteligente. Es la primera de
todos, la insistencia en la mirada, que deja ver sus interioridades,
revela su intimidad y delata sus secretos. Así, verás que cuando mira el
amante, no pestañea y que se muda su mirada adonde el amado se muda, se
retira adonde él se retira, y se inclina adonde él se inclina”.
2º
“Cuando dos amantes se corresponden y se quieren con verdadero
amor, se enfada con frecuencia sin venir a qué; se llevan la contraria,
aposta; en cuanto dicen; se atacan mutuamente por la cosa más pequeña, y
cada cual está al acecho de loque va a decir el otro para darle un
sentido que no tiene… La distinción entre estos enfados y las verdaderas
rupturas o enemistad, nacida del odio y de la animosidad enconada de la
querella, es la prontitud con la que se reconcilian”.
3º
“Yo no paró de maravillarme de todo aquel que pretende haberse
enamorado por una sola mirada, ni atino a darle crédito, ni tengo su
amor sino como una especie de apetito carnal. No puedo concebir, en mi
opinión, que tal amor llegué a lo más secreto del alma ni penetre las
entretelas del corazón. Jamás amor alguno prendió en mis entrañas,, sino
tras de mucho tiempo, luego de haber convivido largamente con una
persona y de haber compartido con ella chanzas y veras”.

Ahora ya podemos tener una idea más clara de cómo era la sexualidad
del mundo musulmán en la Península Ibérica donde permanecerán ocho
siglos, dejándonos numerosos restos de arte, costumbre…